Una comunidad claramente del pasado
Es increíble analizar cómo un acto tan popular en nuestra cultura occidental, como es la misa, oficiada diariamente, los domingos, entierros, bautizos, bodas o comuniones, queda tan desfasado en cuanto a su formato de relación entre/con la comunidad.
- one to many. Sólo el cura (manager) habla con los feligreses (público). Éste sólo responde en los momentos que debe. El sacerdote es quien dirige el acto al 100%, sin lugar a ningún tipo de réplica ni iniciativa por parte de los asistentes
- verticalidad extrema. Hay dos roles muy marcados y totalmente infranqueables: el cura (manager) y el público. Uno frente al otro, uno hable y el otro responde, uno viste hábito y el otro va de calle, uno expresa opinión (ponencia) durante la prédica y el otro sólo escucha y asiente
- entorno desfavorable. La confrontación entre los dos roles (cura-feligreses) no ayuda a la integración, comprensión, participación, de un entorno más colaborativo donde el cura se mezclara más entre su comunidad, y no tuviera que estar separado de ella, detrás de una mesa de piedra y en muchos casos, encima, elevado
- rigidez en la estructura. Todos los actos están extremadamente sistematizados y replicados, cambiando lecturas que rotan cada cuatro años, sin lugar a ningún tipo de personalización, relevancia de alguno de los miembros por alguna de sus obras, o explicación de experiencias de éxito actuales, más que las que ya están en los libros, escritos hace más de 1.500 años.
- distribución de un newsletter semanal. Cada semana se distribuye una hoja dominical en la que se publica, aquí sí, entre algunos acontecimientos, eventos y acciones actuales que se han llevado a cabo durante la semana o tienen lugar el mismo domingo de la distribución. También incluye la lectura que se lee en la misa aquel día, y la colecta económica que corresponda.
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Francesc Grau
francescgrau[at]gmail[dot]com
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